El pasado jueves 6 de mayo, la totalidad de los alumnos de la Ciudad de los Niños abandonó por un día la rutina de clases y talleres para vivir una jornada dedicada íntegramente a la cultura recreativa en la capital de Costa Rica.
Víctor González, director de la Institución, así como Ignacio Jiménez, Orlando Villalobos y Antonio Antón estuvieron a cargo de la logística que entraña un traslado de 415 adolescentes acompañados por algunos de sus profesores y “doñas” de albergue y residencias desde Agua Caliente de Cartago hasta San José, un trayecto que se cubrió en varios autobuses.
La primera parada tuvo lugar en el legendario Teatro Melico Salazar, ubicado en el barrio de La Merced. Es una soberbia construcción de principios del siglo XX que constituye uno de los espacios de representación artística más importantes del país. Allí les esperaba la puesta en escena de uno de los clásicos de la dramaturgia universal: Un enemigo del pueblo, del noruego Henrik Ibsen. La función forma parte de la iniciativa cultural Proyecto Ibsen organizada por la Defensoría de los Habitantes en conjunción con el Gobierno de Noruega y las Naciones Unidas, y busca promover los derechos humanos y los valores de la integridad y la justicia entre los jóvenes a través del arte y la creatividad.
El sufrido protagonista del drama, Pedro Stockmann –interpretado por el popular actor nicaragüense César Meléndez-, se enfrenta a la ira de sus conciudadanos al denunciar una terrible amenaza contra la salubridad pública que el poder establecido prefiere ignorar para salvaguardar sus intereses. Al cerrarse el telón, cada estudiante fue obsequiado con una revista que propone diversas actividades lúdicas encaminadas a profundizar en los contenidos de la obra, así como a incentivar la libre expresión como máximo acto de creatividad y de reivindicación personal.
Del Teatro Melico Salazar los excursionistas se encaminaron hacia el Parque Nacional, donde disfrutaron de un almuerzo traído desde la Ciudad de los Niños. Después prosiguieron al Museo Nacional de Costa Rica, situado en las inmediaciones, y allí admiraron la Sala de Historia Precolombina (un recorrido arqueológico de trece mil quinientos años de antigüedad), la Sala de Oro Indígena (destacando el valor espiritual más que material de este metal para los indígenas), la Sala de Historia Patria (síntesis global del desarrollo histórico de Costa Rica desde la llegada de los españoles hasta 1940) y la Casa Colonial (recreación de la atmósfera de las casas coloniales en Costa Rica).
Los estudiantes también pudieron admirar algunas de las emblemáticas esferas que constituyen una auténtica rareza arqueológica y un símbolo de la identidad nacional. Si bien la idea general es que antiguamente se utilizaron a modo de indicadores astronómicos con fines de calendarizar ciclos agrícolas o de establecer el rango jerárquico dentro de la tribu, lo cierto es que su origen es tan misterioso como las pirámides mayas o las cabezas de la Isla de Pascua. En cualquier caso, impresiona la perfección de sus formas y el misticismo aborigen asociado a ellas.
Fue una jornada llena de vivencias interesantes, un paréntesis en el día a día de la Ciudad de los Niños y una ocasión magnífica de fomentar la curiosidad intelectual y de compartir en esta salida en grupo los valores de la amistad y la cooperación.








